«Ante la tragedia de Urda: una reflexión astrológica»

Hay momentos en los que contemplar una carta astrológica requiere un cuidado especial, porque detrás de su geometría hay vidas humanas, familias que esperan noticias y personas cuyo mundo ha cambiado de manera irreversible. El accidente ferroviario de Urda, Toledo, que se ha cobrado cerca de setenta vidas, es uno de esos momentos. Antes de cualquier interpretación, mi pensamiento está con quienes han fallecido, con las personas heridas, con sus familias y con todos aquellos que participan en el rescate y la atención de los afectados.

Como astróloga, me resulta difícil pasar por alto el simbolismo de la carta levantada para el momento y el lugar del accidente. Sin embargo, reconocer una correspondencia exige precisar qué estamos afirmando. La configuración planetaria no ha causado esta tragedia y su simbolismo no puede determinar los fallos técnicos, las decisiones o las responsabilidades implicadas. Todo ello corresponde a la investigación, cuyas conclusiones deben sustentarse en pruebas.

Aún así, podemos ver en la carta astral levantada para la hora y lugar del acontecimiento, Mercurio retrógrado sobre el Ascendente, en cuadratura a Marte en Leo con un orbe de aproximadamente tres grados, resulta particularmente significativo. En el lenguaje astrológico, Mercurio se asocia con la comunicación, los mensajes, los viajes cortos, la coordinación y la circulación de personas e información. Su movimiento retrógrado puede simbolizar interrupciones, revisiones y dificultades en la transmisión o la comprensión de un mensaje, mientras que su cuadratura a Marte introduce los temas de la velocidad, la fuerza y la fricción. Contemplada junto a las informaciones que van apareciendo, esta configuración ofrece una inquietante resonancia simbólica con los fallos de comunicación y de funcionamiento que se están investigando. No nos dice qué mensaje falló, quién comprendió qué ni por qué las medidas de seguridad resultaron insuficientes.

La cuadratura del Sol a Plutón, situado en la tercera casa de esta carta local, añade otra dimensión Mercuriana. La tercera casa se relaciona tradicionalmente con los desplazamientos cotidianos, el transporte y la comunicación, mientras que el simbolismo de Plutón nos pone en contacto con fuerzas abrumadoras, con nuestra vulnerabilidad y con experiencias que transforman la vida de manera irrevocable. Aquí, estas asociaciones adquieren una dolorosa inmediatez, aunque no pueden explicar por qué este viaje concreto terminó en una catástrofe.

La conjunción prácticamente exacta de la Luna y Urano en Géminis puede leerse como una imagen de la interrupción repentina y de la conmoción colectiva: la ruptura abrupta de la continuidad, el día corriente interrumpido por una noticia que lo cambia todo. Venus retrógrada, en oposición exacta a Kirón, introduce otra dimensión, la del amor confrontado con la herida, la separación y la vulnerabilidad de nuestros vínculos. Este simbolismo merece ser abordado con ternura, sin imponer una lección o un propósito al sufrimiento de nadie. Venus y Kirón se oponen a través del eje de las casas duodécima y sexta. En una lectura reflexiva, esto puede dirigir nuestra atención hacia la vulnerabilidad, los hospitales, los cuidados y las personas, que fueron muchas, que responden al sufrimiento. Venus permanece en su propio signo, Libra, por lo que su simbolismo incluye los vínculos de afecto y solidaridad mediante los cuales las personas se sostienen mutuamente.

Para mí, es aquí donde cobra relevancia la idea de sincronicidad: una correspondencia significativa entre la configuración planetaria y un acontecimiento terrestre, percibida a través del lenguaje simbólico de la astrología. Esta lectura sigue siendo una interpretación realizada después del acontecimiento; no demuestra una relación causal ni permite afirmar que la tragedia pudiera haberse predicho. Estas configuraciones también acompañan muchas circunstancias en las que no ocurre ningún desastre comparable.

Comparto esta reflexión con tristeza y humildad. Sea lo que sea que reconozcamos en la carta, las personas afectadas deben permanecer en el centro de nuestra atención, junto con la necesidad de cuidados, de una investigación rigurosa y de respuestas fundamentadas en lo que realmente ocurrió. Os recuerdo una vez más que la carta ofrece un lenguaje simbólico a través del cual estamos contemplando el acontecimiento; no aporta pruebas de sus causas ni un veredicto sobre la responsabilidad de nadie.

Mi alma acompaña a todas las familias que se han visto afectadas por esta tragedia y escribo esto en absoluto respeto a la situación y el dolor.

La resaca de la Luna Llena en Tauro de la mano de Plutón: lo que ya no podemos dejar de ver

A veces la resaca de una Luna Llena no llega en forma de cansancio, sino de una pregunta que continúa despierta cuando la Luna empieza a menguar. La de este 26 de octubre, a 2°45′ de Tauro frente al Sol en Escorpio, forma una T casi exacta con Plutón en los primeros grados de Acuario. Y Plutón está, además, fuera de límites: su declinación ronda los 23°37′ Sur, más allá del recorrido del Sol. La imagen astrológica es intensa. Algo que creíamos poder mantener bajo control pide ser reconocido, a veces violentamente.

Durante estos días de esta Luna Llena en conexión al Señor del Gran Abajo, he pensado mucho en este pequeño planeta que hemos llamado Plutón y en las palabras que utilizamos para describirlo o su arquetipo, mejor dicho: el deseo, la rabia, la obsesión, la necesidad de poder, el miedo a perder lo que amamos. La bestia, podríamos llamarla, siempre que no la confundamos con el mal. Es esa parte de nuestra psique que quiere sobrevivir y resistirse a la pérdida, aunque nuestro intelecto o la imagen que tenemos de nosotros mismos insista en que ya estamos por encima de todo eso. A veces una compulsión es un intento de no sentirnos impotentes, nos da la ilusión de control. A veces lo que llamamos control es el miedo vestido de soldado.

Tauro nos devuelve al cuerpo. Necesitamos alimento, descanso, afecto, una casa, cierta estabilidad desde la cual vivir. Escorpio conoce la otra cara de ese amor por la vida: precisamente porque algo nos importa, sabemos que podemos perderlo. Estos últimos tiempos he estado estudiando la vida y por supuesto la carta natal de Leonardo da Vinci, Nietzsche, Rudolf Steiner y Max Planck. Historias muy distintas, atravesadas todas por una verdad sencilla y difícil de aceptar: ninguna genialidad nos exime del trabajo de ser humanos. Una mente puede alcanzar ideas extraordinarias y seguir necesitando cuidados; puede comprender las leyes del universo y no encontrar palabras para soportar la muerte de un hijo. Leonardo da Vinci imaginó máquinas para un futuro que no llegó a ver, pero envejeció como todos. La enfermedad apartó a Nietzsche y a Rudolf Steiner de su trabajo; Max Planck, capaz de descubrir una nueva ley de la naturaleza, sufrió la pérdida de su primera esposa y de los cuatro hijos que tuvo con ella. Ninguno pudo pensar o terminar su camino fuera de la condición humana, a pesar de su genio.

Mientras tanto, Venus, regente de esta Luna en Tauro, acaba de pasar por el corazón del Sol durante su retrogradación. La conjunción inferior ocurrió el 24 de octubre a 0°45′ de Escorpio: Venus se situó entre la Tierra y el Sol y permanece oculta en su resplandor. Ahora retrocede hacia Libra, llevando consigo, simbólicamente, lo que ha encontrado en Escorpio sobre la intimidad, la confianza, el dinero compartido, el deseo y el poder dentro de las relaciones. Esta ha sido la última conjunción Sol–Venus en Escorpio de la serie actual; la siguiente se proyecta para noviembre de 2177, dentro de algo más de 150 años. Venus volverá a retrogradar por Escorpio antes de entonces, pero su próximo encuentro inferior con el Sol, en 2034, tendrá lugar en Libra.

Por eso me interesa tanto su viaje de regreso. Venus no sale del mundo subterráneo con una respuesta fácil sobre cómo amar. Vuelve a Libra con una pregunta más exigente: ¿cómo construimos un vínculo justo después de haber reconocido el miedo, la dependencia o la lucha de poder que también pueden habitar en él? Esa pregunta vale para una pareja, una amistad o una familia; también para la relación entre los ciudadanos y quienes gobiernan en su nombre.

Este fin de semana, cientos de miles de personas se manifestaron en Francia por la educación, el coste de la vida y las condiciones en las que pueden imaginar su futuro. Hubo protestas en ciudades italianas contra la guerra y el encarecimiento de la vida, y movilizaciones en Barcelona y Madrid. Muchas marchas fueron pacíficas; también hubo enfrentamientos y violencia. Conviene conservar ambas verdades a la vista.

También hemos visto la otra cara de esta agitación: la rapidez con que una imagen puede utilizarse para despertar miedo y dirigir la rabia hacia un enemigo conveniente. Dos cadenas francesas tuvieron que corregir imágenes de protestas en Albania que habían presentado como si fueran escenas ocurridas en Francia. Circularon asimismo afirmaciones sobre la responsabilidad de los inmigrantes en los disturbios que las pruebas disponibles no sostenían. En un clima así, mirar por debajo de la superficie exige paciencia: escuchar las reivindicaciones reales, comprobar lo que vemos y reconocer cuándo alguien intenta convertir nuestra inquietud en instrumento de poder. Hasta he escuchado decir que Putin está detrás de toda esta inestabilidad en Europa, lo que devalúa la real razón de maestros, estudiantes y gente joven en general, que sale a decirle :»Basta!» a sus políticos. El futuro es de estos jóvenes y no tan jóvenes que han salido a la calle, como también lo hicieron en Brasil.

Ahí siento con más fuerza la cuadratura a Plutón en Acuario. ¿Qué hacemos con nuestra rabia cuando descubrimos que una situación ya no es aceptable? Podemos entregarla a quien nos prometa una explicación absoluta, o podemos preguntarnos qué necesita cambiar y qué parte de ese cambio estamos dispuestos a sostener junto a otros. Abrazar la bestia no significa obedecerla. Podemos sentir indignación sin renunciar al juicio, reconocer el miedo sin permitir que decida por nosotros y reclamar poder sin reproducir aquello que nos ha hecho daño.

Hace unos días, una clienta muy joven me dijo que había comprendido algo esencial: quería vivir de acuerdo con sus valores morales más profundos, en consonancia con su alma, y dejar que eso irradiara hacia el mundo. «Si todos lo hiciéramos, quizá las cosas mejorarían», añadió. He seguido pensando en sus palabras. Recuperar nuestro poder comienza también ahí, en la coherencia entre lo que sabemos y lo que hacemos: en cómo tratamos a los demás, en aquello ante lo que nos negamos a callar y en las alianzas que somos capaces de crear.

Plutón nos pone frente a todo aquello que la imagen que tenemos de nosotros mismos ya no puede contener. Quizá esta sea la verdadera resaca de la Luna Llena: después de ver nuestra vulnerabilidad y nuestra fuerza, después de reconocer lo que ocurre en la calle y dentro de nosotros, ya no podemos fingir que nada nos concierne. Venus vuelve hacia Libra para preguntarnos cómo vamos a vivir juntos. Y la Luna en Tauro nos recuerda desde dónde tendremos que empezar: con los pies en la tierra, presentes en nuestro cuerpo y en la vida que compartimos, conscientes que no somos inmortales.

(Una nueva temporada de mi podcast Astrologia Música y Tomate comienza bajo el nombre: Cartas desde mi Jardín. Pronto en todas las plataformas.)

LUNA LLENA en TAURO, 2026. Último cazimi de Venus en Escorpio- Como amar sin desaparecer.

El 26 de octubre, la Luna se llena a 2°45′ de Tauro, frente al Sol en Escorpio. Apenas dos días antes, Venus, regente de esta Luna, retrógrada en este momento, se encontró con el Sol a 0°45′ de Escorpio: un cazimi, Venus en el corazón del Sol. Ahora regresa a Libra, signo del cual también es regente, y parece traer consigo algo de aquella oscuridad luminosa. Como si hubiera descendido a buscar una verdad que no podía descubrir a plena luz del día.

Ese encuentro tiene una cualidad de despedida. Cada ocho años, una de las conjunciones inferiores de Venus y el Sol regresa a esta región del zodíaco, desplazándose poco a poco hacia atrás. En 2018 ocurrió a 3° de Escorpio; en 2026, en su primer grado. La siguiente, en 2034, tendrá lugar en Libra. Venus volverá a retrogradar por Escorpio, pero esta secuencia de encuentros con el Sol no volverá a culminar allí. Algo de un largo relato venusino en Escorpio llega a su última página.

¿Y qué relato ha sido ese? Quizás el de todo lo que nos ocurre cuando amar implica confiar en otra persona, compartir el cuerpo, el dinero, los secretos, las pérdidas o el futuro. Escorpio sabe que la intimidad puede transformarnos. También sabe que, cuanto más necesitamos a alguien, más tememos quedar a su merced. Venus vuelve de ese encuentro y cruza hacia Libra con una pregunta distinta de la que llevaba al entrar: después de haber visto lo que hay bajo la superficie, ¿cómo nos encontramos ahora?

La Luna en Tauro responde desde el cuerpo. Quiere paz, continuidad, algo firme sobre lo que descansar. Frente a ella, el Sol en Escorpio nos recuerda que una seguridad construida sobre lo que no nos atrevemos a decir, puede resultar frágil. Y Plutón, a 3° de Acuario, forma una cuadratura casi exacta con ambos luminares. La tensión de esta Luna Llena es difícil de eludir: lo que deseo conservar, lo que temo perder y lo que necesita cambiar han llegado a la misma habitación, con nosotras en ella.

Cerca de Plutón se encuentra Juno, símbolo de los pactos que nos unen. No hablo solo del matrimonio. También de esa amistad que ha sobrevivido a décadas, de una sociedad profesional, de una familia elegida, de cualquier relación en la que dos personas han organizado parte de sus vidas contando la una con la otra. Algunos de esos compromisos pueden profundizarse; otros quizá necesitan nuevas palabras. Porque prometer presencia no siempre significa prometer que nunca cambiaremos.

Y aquí la carta de esta Luna Llena adquiere otra intensidad. Venus regresa retrógrada a Libra, mientras que, al otro lado del eje, Aries reúne a Neptuno, Saturno, Kirón, Eris, Vesta y Palas Atenea. Seis cuerpos insisten, cada uno a su manera, en la existencia de un yo dentro del nosotros. Neptuno conoce el anhelo de disolver la distancia; Saturno pregunta dónde está el límite. Kirón puede mostrar la herida que se abre cuando afirmar un deseo parece poner en peligro el amor, o nos confronta con heridas ancestrales que desconocemos conscientemente. Eris se niega a seguir callando para conservar un lugar en la mesa. Vesta protege la llama interior y nuestra dedicación y respeto a nuestra propia alma, y Palas Atenea busca la lucidez necesaria para reconocer un patrón antes de volver a repetirlo.

Este es el verdadero dilema de Libra y Aries: ¿cómo llegar a un acuerdo sin abandonarnos en el proceso? ¿Cómo escuchar de verdad al otro sin convertir la armonía en silencio? ¿Cómo defender lo propio sin vivir toda diferencia como una amenaza? Una relación cerrada puede ofrecer refugio, pero también puede volverse demasiado estrecha para quienes la habitan. A veces el acto más amoroso consiste en permitir que entre aire. Ese espacio es necesario para Ver mejor.

Hay otra nota, más difícil de nombrar. Sedna, desde los primeros grados de Géminis, forma un quincuncio casi exacto con el Sol. Su mito habla de una confianza traicionada en un momento de extrema vulnerabilidad. No diría que un aspecto celeste hace que mujeres y hombres desconfíen unos de otros. Sí puede ofrecernos una imagen para reconocer esa desconfianza cuando ya existe: el instante en que deseamos acercarnos, pero una parte de nosotros recuerda que acercarse también expone nuestra vulnerabilidad. Entonces escuchamos las palabras del otro y, al mismo tiempo, intentamos adivinar lo que podría ocultarse detrás de ellas. Y perdemos la confianza no sólo en el otro sino en nosotras mismas.

Quizás por eso esta Luna Llena no nos pide una respuesta inmediata sobre quién se queda y quién se va. Nos pide una sinceridad más profunda. ¿Qué necesitamos para confiar? ¿Qué parte de nuestra independencia hemos entregado creyendo que así asegurábamos el vínculo? ¿Y dónde hemos llamado libertad a nuestra dificultad para dejarnos conocer?

Venus todavía está invisible. Ha pasado por el corazón del Sol, pero aún no ha reaparecido en el cielo de la mañana. Tal vez nosotros también necesitemos ese intervalo entre comprender algo y saber cómo vivirlo. La Luna en Tauro nos invita a sentir la respuesta antes de pronunciarla. Venus en Libra nos recuerda que el otro está ahí, con su propia verdad. Y Aries insiste en algo que ningún compromiso debería exigirnos olvidar: para poder encontrarnos, primero tenemos que estar presentes nosotra/os mismas/os.

Esta Luna Llena en Tauro al mismo tiempo que Venus retrocede de Escorpio a Libra, nos habla del viaje de Persefone al submundo de su tío Hades y del viaje de regreso a su madrede; también del de Innana a rescatar a su hermana Ereshkigal, que no le había pedido ayuda, nos invita a comprender qué ocurre cuando somos valientes suficientes para mirar por debajo de lo obvio, y lo aceptable, para escaparnos de la razón y animarnos a Sentir. En el Gran Abajo las explicaciones mentales no sirven, los argumentos verbales tampoco. El viaje es hacia los verdaderos sentimientos, por dolorosos que sean. A las zonas de dolor, esas que nos hacen mentir implacablemente, no a los demas, sino a nosotras mismas, para evitar mirarnos honestamente.

Si necesitas estar sola o solo, atrévete. Para. Aléjate del mundanal ruido como decía Thomas Hardy y escúchate. Aunque sea el fin de semana, o unas tardes. Tu alma te lo agradecerá.

Feliz Luna Llena en Tauro! Feliz retrógrado de Venus. Recuerda que la Diosa de la Belleza, vive en todas nosotras. Esta es una oportunidad de oro para rescatarla en nuestro interior.

Y como siempre: para lecturas privadas conmigo y particularmente la influencia de este retrógrado de Venus o del tránsito de Jupiter en Leo o de Kirón en Tauro, o Neptuno, Saturno y Eris en Aries en tu vida, ve a: https://www.astrologiaarquetipica.com/lecturas-privadas/

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LUNA NUEVA en LIBRA- 10 de Octubre, 2026 – Crear belleza en medio del conflicto

La Luna Nueva en Libra llega con su regente, Venus, en movimiento retrógrado, invitándonos a RE-considerar nuestras relaciones. Y cuando hablamos de relaciones, hablamos no sólo de la relación de pareja, sino también de nuestras amistades, de nuestra realción con el trabajo, con el dinero, con nuestra creatividad y de nuestros talentos. Incluso de esa convicción, a veces profundamente arraigada, de que no tenemos ninguno, como escucho a menudo. ¿Donde hemos escuchado eso? ¿Cómo nos relacionamos con lo que somos y con lo que podríamos llegar a desarrollar? ¿Quién nos enseñó a reconocer nuestro valor o a no hacerlo? ¿Y a través de qué mirada seguimos midiéndolo?

El recorrido retrógrado de Venus desde Escorpio hacia Libra añade otra dimensión a esta revisión. Es como si, antes de poder RE-negociar nuestros vínculos, necesitáramos descender a ese territorio donde habitan los celos, el miedo al abandono, el deseo de controlar y las dependencias que a veces confundimos con amor. Escorpio nos invita a reconocer lo que se mueve por debajo de nuestros acuerdos, incluso de aquellos que parecen perfectamente equilibrados. Al regresar a Libra, Venus trae a la mesa lo que hemos descubierto en esa intimidad y oscuridad, para que podamos preguntarnos con mayor honestidad: ¿qué estamos dispuestas a compartir y bajo qué condiciones? ¿Cómo podemos estar juntos sin perder nuestra individualidad? El regreso a Libra puede simbolizar la oportunidad de construir acuerdos más conscientes, capaces de incluir esas verdades incómodas que ahora conocemos de nosotras mismas y del otro/a.

«¿Cuánto valgo?» puede ser una de las preguntas que acompañen este proceso. Una pregunta delicada, porque nuestro valor como seres humanos no depende de cuánto producimos, de cuánto ganamos ni de cuántas personas nos admiran. Sin embargo, cuando debemos poner un precio a nuestro trabajo, esa pregunta adquiere una dimensión muy concreta. ¿Cómo valorar nuestra dedicación, el esfuerzo, la perseverancia, el tiempo y la atención que hemos invertido? ¿Cómo reconocer los años de aprendizaje que hay detrás de algo que ahora parece salirnos con facilidad?

A menudo, los demás ven el resultado sin conocer todo lo que hizo falta para llegar a él. A veces somos nosotras mismas quienes lo olvidamos. Aquello que hacemos naturalmente nos parece tan sencillo que suponemos que cualquiera podría hacerlo. O esperamos que alguien reconozca nuestro talento antes de concedernos el derecho a cultivarlo. Esta Venus en su moción (ilusoria) retrógrada nos invita a RE-visar esos criterios: cuánto damos, qué recibimos y qué parte de nuestro valor hemos dejado en manos de la aprobación ajena.

Para explorar estas preguntas, podemos regresar a Afrodita y a su doble regencia de Tauro y Libra. La misma diosa nos habla del placer de habitar un cuerpo y del desafío de compartir nuestra vida con otro ser humano. Dos dimensiones que se entrelazan, aunque no siempre deseen lo mismo al mismo tiempo.

En su relación con Ares podemos leer una expresión de la Venus de Tauro: la atracción, el erotismo, el placer del encuentro, el cuerpo que reconoce aquello que desea, la unión a través de la sexualidad. Es la dimensión del amor que necesita tocar, saborear, disfrutar; que encuentra en la presencia del otro una celebración de estar viva. Ese placer tiene su propia sabiduría. Nos recuerda que el cuerpo también participa de nuestras decisiones y que una vida dedicada únicamente al deber puede alejarnos de una parte esencial de nosotras mismas.

En el matrimonio de Afrodita con Hefesto podemos explorar otra dimensión, más cercana a las preguntas de Libra: ¿cómo convivimos? ¿Qué acordamos? ¿Qué responsabilidades asumimos al construir una vida juntos? El deseo puede reunirnos, pero la convivencia nos pide aprender algo que la atracción, por sí sola, no sabe resolver.

La diosa de la belleza está casada con el herrero de los dioses, hijo de Hera, cuya apariencia se aparta del ideal de perfección olímpica. Y, sin embargo, sus manos crean objetos extraordinarios. Aquí el mito nos ofrece una imagen fecunda: la belleza vinculada al oficio, a la paciencia y a la capacidad de dar forma a la materia. Podemos preguntarnos si algo semejante ocurre en nuestras relaciones. ¿Cuánto de lo hermoso que compartimos ha sido creado mediante el cuidado cotidiano, la atención y el trabajo de ambos?

Podemos enamorarnos de una sonrisa, de una voz, de una manera de mover el cuerpo. Con el tiempo conocemos también el cansancio, los temores, las contradicciones y esos momentos en los que ninguno de los dos resulta particularmente encantador. Aparece la «fealdad» de ciertas actitudes, la torpeza al expresar lo que sentimos, la dificultad para pedir perdón. Y aparece también la nuestra.

La Bella y la Bestia vuelve a asomarse. Podemos reconocer en esa imagen el encuentro entre nuestro ideal del amor y la humanidad imperfecta de quienes lo viven. Compartir una vida, formar una familia o atravesar una crisis juntos exige que podamos mirarnos más allá del encanto inicial. También exige discernimiento: qué podemos aceptar, qué necesita cambiar y si ambos seguimos dispuestos a cuidar el vínculo.

Libra nos coloca frente a esa negociación. El compromiso necesita reciprocidad y espacio para que dos personas puedan existir dentro de él. A veces sobrevivir a una crisis fortalece una relación; otras veces, reconocer lo que ha cambiado nos obliga a RE-formular sus acuerdos. La armonía RE-quiere conversaciones que pueden resultar incómodas.

Estas preguntas se extienden a nuestras amistades y colaboraciones, a lo que cobramos y a lo que hacemos gratuitamente, a los proyectos que alimentamos y a los talentos que dejamos esperando. ¿Seguimos encontrando placer en aquello a lo que dedicamos tanto esfuerzo? ¿Nuestro compromiso nace del afecto y de una elección presente, o de la dificultad para decepcionar a alguien? ¿Estamos concediendo tiempo a nuestra creatividad, o esperamos que demuestre su valor antes de permitirle expresarse?

Llevamos milenios contando estas historias porque seguimos reconociéndonos en ellas. Afrodita, Ares y Hefesto nos permiten contemplar deseos y obligaciones que también habitan nuestra vida. Bajo esta Luna Nueva, con Venus retrógrada, podemos volver a escucharlos y RE-examinar lo que llamamos Amor, Belleza y Valor. Quizá descubramos que algunos de nuestros criterios necesitan cambiar para poder RE-conocer lo que hoy somos capaces de ofrecer, de disfrutar y de crear.

Ayer escuché una frase interesantísima mientras miraba una serie acerca de dos pianistas. El maestro de ellos les dice: «El ARTE es una bestia despiadada que no descansa hasta dejarte sin una gota de vida. Cuanto más te acercas a ella, más se aleja de ti». Esto sin duda podría decirse de la Venus y todo lo que ella trae a nuestras vidas. Nuestro deseo de unión, de crear, de encontrar esa Belleza que añoramos y no encontramos en nosotras mismas-

Esta Luna se forma a 17º de Libra lo que encuentra las luminarias (el Sol y la Luna) en oposición a Saturno y también dos potentes diosas, Pallas Atenea y Vesta. Dos vírgenes que buscan la pareja en su interior, en su propio viaje hacia la individuación, no necesariamente en el otro. Una oposición difícil ya que nos confronta de lleno con la necesidad de mantener el foco de nuestra vida en nosotros mismos y nuestro propio camino individual y por otro lado honrar la unión, la relación y el compromiso. Esto es algo que está ocurriendo globalmente en este momento. Parece como si las mujeres nos estamos refugiando entre nosotras y los hombres también. Hay un desencuentro coloreado de resentimiento en algunos casos. Necesitamos trabajar este abismo que está creciendo como si la energía yin y yang, normalmente trabajando al unísono, estén desencontradas, fluyendo por separado. Todos sabemos que para que haya salud, debe haber un balance, un encuentro, una danza entre estas dos.

Volvemos a encontrar esta dicotomía en una cuadratura exacta entre Neptuno a 2º de Aries con Lilith a 2º de Capricornio. Neptuno anhela disolver las fronteras que nos separan. Allí encontramos compasión, imaginación y anhelo espiritual, pero también la posibilidad de amar tan intensamente el potencial de alguien que nos cueste ver a la persona que realmente tenemos delante. Lilith pregunta: ¿Qué ocurre con mi deseo, con mi voz, con mi negativa? ¿Puedo pertenecer a este vínculo con todo lo que soy? En una cuadratura, el anhelo de entrega y la necesidad de soberanía pueden resultar difíciles de conciliar.

Pero yo no le concedería a Lilith toda la verdad ni a Neptuno toda la ilusión. La negativa de Lilith también puede convertirse en una defensa frente a la vulnerabilidad, mientras que Neptuno puede de alguna manera, suavizar la convicción de que necesitar a alguien significa perder nuestro poder. El trabajo si acaso, consiste en descubrir cómo abrirnos profundamente sin renunciar a nuestro discernimiento ni a nuestro ser, y cómo mantener nuestra autonomía sin cerrarnos a la intimidad. Nada fácil, como todos sabemos.

Venus camina hacia atrás al encuentro con Haumea después de haberse cruzado en el camino con Mercurio el 7 de Octubre. Este encuentro en particular, con Hermes, produce magníficas oportunidades para crear, para el nacimiento de una nueva forma de conexión a traves de la palabra, una nueva forma de expresarse, algo nuevo que decir. Venus y Mercurio se llevan bien. Mucha gente que ha nacido con esta conjunción, como lo tendrán los niños y niñas que nazcan esta semana, son actores, locutores, escritores, poetas, etc- Sabéis lo que quiero decir? o simplemente tienen un forma de hablar que cautiva, que hace que escuches. Este es un encuentro breve, pero luego, Venus se cruzará con Haumea entre el 19 y 20 de Octubre y recibirá un impulso creador aún más intenso, ya que este encuentro forma una cuadratura a Plutón en Acuario y otra a Marte en Leo, es decir Venus-Haumea como planetas focales en esta T-cuadrada en signos fijos. Haumea es la Diosa de la Creatividad en la mitología hawaiana. Vuelve a poner sobre la mesa, el tema del balance entre la energía femenina y la masculina. Algo nos dice que sin la guía femenina, sin la energía yin, el impulso creador de la energía yang pierde dirección y potencia. Volvemos al tema de la necesidad de encontrar la forma para un encuentro saludable, basado en la aceptación de ambas energías dentro de uno mismo.

Esto nos lleva a la discusión del cambio climático y el calentamiento que estamos sufriendo, aún cuando todavía se niegue lo obvio. El desequilibrio energético también afecta el clima y lo sufrimos todos. Cuando un planeta «personal» como Venus se cruza con un planeta transpersonal como Haumea, o Plutón, la relevancia de su arquetipo se vuelve global. Entonces, es acerca de todos y no sólo del Yo.

Quizas esta Luna Nueva en Libra nos invite a encontrar la forma de crear belleza en medio del conflicto, entendiendo que algo necesita transformarse para que podamos vivir en armonía.

Feliz Luna Nueva en Libra a todas y todos!

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OCTUBRE 2026 – EL DESCENSO a la Diosa!

Octubre comienza con un gran trígono en Aire que conecta al Sol en Libra, la Luna y Urano en Géminis (con Sedna acompañándole) y Plutón en Acuario. Nos sentimos apoyadas en nuestra nueva mirada, y «nuevos aires» parecen soplar a nuestro alrededor. Pero… hacia el 3 de octubre, Mercurio en Escorpio, acompañado por Venus, que comienza su retrogradación a 8°29′ de ese signo, configura una T cuadrada con la oposición de Marte en Leo a Plutón en Acuario. No sería extraño ni se te culparía por percibir esta combinación de energías como explosiva. En el plano personal, podemos encontrarnos diciendo, o simplemente pensando, cosas que nos inquietan acerca de nuestras relaciones con los demás y de cómo manejamos nuestras frustraciones. Culpar a los demás de todo ya no es suficiente. No resuleve nada. Es momento de Recordar que cada una de nosotras carga con memorias ancestrales cuya presencia muchas veces desconocemos, y que aún menos sabemos cómo gestionar. La ira que sentimos quizá ni siquiera sea enteramente nuestra.

Y es aquí donde esta retrogradación de Venus puede venir en nuestra ayuda. Recorrerá hacia atrás algo más de quince grados y medio del zodíaco, regresará a Libra el 25 de octubre y retomará su marcha directa el 14 de noviembre, a 22°52′ de Libra. Durante unas seis semanas, el planeta que asociamos con el amor, la belleza, el deseo y los valores, parece retroceder por el cielo. A medida que se acerca al Sol, desaparece de nuestra vista en el cielo vespertino, antes de regresar como estrella de la mañana. Comienza así lo que yo llamo su descenso al Gran Abajo, para explorar los territorios de la oscuridad, como lo hace Perséfone.

Acabo de regresar de Eleusis, o Elefsina, como la llaman hoy los griegos, y no puedo contemplar esta desaparición sin pensar, por supuesto, en el mito de Perséfone. Allí, entre los restos del santuario de Deméter y su hija, el relato del descenso dejó de sentirse como una historia que ya conocía. Se convirtió en una pregunta que podía sentir en el cuerpo: ¿qué ocurre cuando debemos abandonar el mundo familiar, e incluso a las personas que amamos, para entrar en un lugar donde todavía no podemos ver en quiénes nos estamos convirtiendo? Quien haya vivido un tránsito de Plutón a su Venus, Luna o Sol natal sabe de lo que hablo.

El rapto de Perséfone por Hades, con su dimensión de violencia sexual, expresa también, en una lectura simbólica, la brutalidad con la que a veces la vida nos obliga a descender. Nadie nos pregunta si estamos preparadas, si queremos ir o si podemos soportarlo: de pronto, alguien nos abandona, una relación se rompe o muere una persona que amamos, y el suelo que sostenía nuestra existencia se abre bajo nuestros pies. Ese descenso puede sentirse psíquicamente como una violación porque irrumpe sin nuestro consentimiento y nos arrebata la posibilidad de decidir cuándo y cómo atravesarlo. Somos arrancadas de la vida que conocíamos y arrojadas a una oscuridad que no hemos elegido, donde nuestras certezas ya no nos sirven. Perséfone nos permite reconocer ese primer momento de indefensión, de ira y de duelo, sin exigirnos que encontremos inmediatamente un sentido a lo ocurrido. Su posterior transformación en reina del inframundo no justifica la violencia de su rapto, pero ofrece una imagen de lo que puede llegar a crecer en nosotras cuando, con tiempo y ayuda, comenzamos a habitar el territorio al que fuimos llevadas por la fuerza y recuperamos allí nuestra propia voz.

Venus comienza este viaje en Escorpio y vuelve a acercarse a la cuadratura con Plutón, que será exacta el 20 de octubre. Esto intensifica el proceso. Las imágenes del inframundo resultan difíciles de ignorar. Sin embargo, un descenso no es simplemente un encuentro con el miedo, la pérdida o aquellas partes de nosotras mismas que aún desconocemos. También puede ponernos frente a deseos que hemos ocultado, lealtades que hemos confundido con amor y valores que seguimos proclamando mucho después de haber dejado de vivir de acuerdo con ellos. Lo que descubramos dependerá de la vida que hayamos vivido y de las preguntas que ahora reclaman nuestra atención. Descendemos para encontrarnos con Hades, pero también con la diosa Perséfone y por sobre todo, beneficiarnos de su sabiduría, porque ella ya ha realizado ese viaje y lo ha sobrevivido, para mostrarnos la posibilidad del regreso.

Los antiguos Misterios de Eleusis se desarrollaban a lo largo de varios días e incluían una procesión desde Atenas por la Vía Sagrada, de unos veintiuno a veintitrés kilómetros. Mientras permanecía allí, a finales de septiembre, volvía una y otra vez al significado de Ver. Los iniciados, los mystai (los que buscaban Ver), participaban en ritos cuyas experiencias más profundas se mantenían en secreto ante quienes no habían pasado por ellas. Hacían el viaje, entraban en el santuario y bebían el kykeón, una antigua bebida ritual elaborada con agua, cebada y poleo, una planta de la familia de la menta. Se ha propuesto que pudiera contener sustancias psicoactivas, quizá procedentes del cornezuelo, un hongo que puede crecer en los cereales, aunque esto sigue siendo una hipótesis.

En el corazón de aquellos Misterios estaba la experiencia de Ver por una misma, de acceder a una percepción que las palabras, por sí solas, no podían transmitir. Quizá esa sea la invitación que ahora tenemos ante nosotras: seguir a Venus bajo la superficie de nuestras vidas habituales y prestar atención a lo que se vuelve visible en la oscuridad.

The Rape of Proserpine by Padovanino (Photo by © Arte & Immagini srl/CORBIS/Corbis via Getty Images)

Este es un momento maravilloso para RE-evaluar lo que estamos haciendo con nuestras vidas, para RE-tomar cambios que quizá despierten partes de nosotras mismas que necesitan ser exploradas y revitalizadas. No sé vosotras, pero eso es exactamente lo que yo siento deseos de hacer. Sobre todo, es tiempo de RE-conocer las voces de nuestros antepasados en nuestra psique y comprender cómo siguen viviendo en nosotras. Como nos recuerda la inscripción del santuario de Apolo en Delfos: «Conócete a ti mismo». Los griegos lo vienen diciendo por mas de 2000 años.

Cada ocho años, Venus repite su ciclo retrógrado en una región muy similar del zodíaco, aunque los grados de sus estaciones se desplazan aproximadamente dos grados hacia atrás cada vez. Cinco ciclos de Venus componen este patrón de ocho años. Por eso, si tenéis planetas cerca de los 8°-15º de Escorpio, Tauro, Leo o Acuario, puede resultar revelador recordar qué sucedía en vuestras vidas durante las anteriores retrogradaciones de Venus en Escorpio. En 2002 comenzó a 15°36′ de Escorpio; en 2010, a 13°14′; en 2018, a 10°50′; y ahora, a 8°29′. ¿Recordáis lo que vivíais entonces?

Las fechas principales de esta retrogradación, según la hora de España peninsular, son las siguientes:

  • 31 de agosto de 2026: Venus entra en la sombra previa a la retrogradación, al alcanzar los 22°52′ de Libra, el grado al que regresará antes de retomar su marcha directa.
  • 3 de octubre de 2026: Venus estaciona retrógrada a 8°29′ de Escorpio.
  • 20 de octubre de 2026: Venus retrógrada forma una cuadratura exacta con Plutón.
  • 24 de octubre de 2026: Venus forma su conjunción inferior exacta con el Sol, a unos 0°45′ de Escorpio. Este encuentro, conocido astrológicamente como cazimi, simboliza el renacimiento de su ciclo.
  • 25 de octubre de 2026: Venus regresa a Libra en su movimiento retrógrado.
  • 14 de noviembre de 2026: Venus estaciona directa a 22°52′ de Libra.
  • 15 de diciembre de 2026: Venus sale de la sombra posterior a la retrogradación, al volver a alcanzar el grado donde inició su retroceso.

Si vivimos esta retrogradación con consciencia, quizá al final comprendamos cuánto podemos ver ahora que antes no veíamos. Habremos atravesado nuestra propia «iniciación».

Y, hacia finales de octubre, Mercurio también se detiene para volver sobre una región del zodíaco que necesita ser RE-considerada. Estacionará retrógrado el 24 de octubre, cerca de los 21° de Escorpio, y retrocederá hasta los 5°02′ de ese signo, donde retomará su marcha directa el 13 de noviembre. Buscad dónde se encuentra ese tramo del zodíaco en vuestra carta: allí podréis RE-conocer qué ámbito de vuestra vida os invita a RE-considerar, RE-estructurar o, simplemente, dejar ir, soltar. Cuando algo ha cumplido su propósito, necesitamos seguir adelante, no sin antes dar las gracias a ese periodo de nuestra vida, por muy alegre o doloroso que haya sido. Aprendemos de todo lo que experimentamos, o al menos esa es la posibilidad que se nos ofrece.

Ninguno de estos procesos tiene por qué ser doloroso, aunque desprendernos de una faceta conocida de nosotras mismas pueda resultar triste por momentosa y causarnos ansiedad. Pero, como sugiere ahora Júpiter en Leo, tenemos tanto que explorar acerca de nosotras mismas que resulta emocionante descubrir cuánto desconocemos todavía de la persona que somos y por sobre todo, que podemos llegar a Ser.

¡Sed valientes y atreveos a explorar!

Luna Llena en Aries desde el Oráculo de Delfos ¿Quién interpreta el mensaje?

Escribo estas palabras desde Grecia y, quizás por eso, mientras contemplaba la extraordinaria carta de esta Luna Llena en Aries, de pronto pensé en el Oráculo de Delfos, donde he pasado el día de hoy y cuando caminaba por las ruinas del santuario de Apolo, en las laderas del monte Parnaso, un lugar al que durante siglos llegaron personas desde todos los rincones del mundo antiguo buscando respuestas. Reyes, generales y representantes de las ciudades acudían para preguntar si debían ir a la guerra, fundar una colonia, establecer una alianza. Otros llegaban con las preguntas que los seres humanos hemos llevado siempre con nosotros: el matrimonio, los hijos, los viajes, la enfermedad, las pérdidas, las decisiones que pueden cambiar el curso de una vida. Y sigue ocurriendo porque hoy era uno de esos días donde varios guías llevaban grupos de personas de varias nacionalidades y culturas.

Pero Apolo no les hablaba directamente. Hablaba a través de una mujer. Era la Pitia, la sacerdotisa de Apolo, quien se sentaba sobre el trípode sagrado y entraba en lo que los griegos entendían como un estado de inspiración divina (o trance). Platón utilizó la palabra mania para hablar de esta clase de experiencia: no la locura en nuestro sentido clínico moderno, sino un estado en el que la conciencia ordinaria parecía ceder ante algo mayor.

Sin embargo, antes de que la consulta pudiera comenzar ocurría algo que me resulta particularmente hermoso. El dios tenía que indicar primero que estaba dispuesto a hablar. Para ello, una cabra era rociada con agua fría y se observaba su reacción. Si el animal no daba la señal apropiada, la consulta no se realizaba. Es decir, antes de que los seres humanos pudieran pedir una respuesta a los dioses, tenían que averiguar si los dioses tenían algo que decir.

Los autores antiguos hablaron del pneuma: aliento, espíritu, exhalación, asociado al estado profético de la Pitia, aunque mucho más tarde se planteó la posibilidad de que ciertos gases procedentes de fisuras geológicas bajo Delfos contribuyeran a su estado alterado de conciencia. No sabemos exactamente qué ocurría allí. Tampoco está tan demostrada como suele contarse la imagen de una Pitia pronunciando sonidos incomprensibles que luego sacerdotes varones transformaban en profecías coherentes. Esta era por supuesto la versión patriarcal, pero no hay ninguna evidencia que la Pitia, necesitase de ningun monje para dar su mensaje, porque lo verdaderamente fascinante del oráculo no era solamente recibir el mensaje. Era interpretarlo.

Y en esta magnífica magia sincrónica, para esta Luna Llena en Aries, yo visito Delfos y camino por donde la Pitia recibía los mensajes de Apolo. El 26 de septiembre, la Luna Llena se forma a 3°37′ de Aries, frente al Sol a 3°37′ de Libra. Pero la Luna no está sola. A poco más de un grado se encuentra Neptuno, a 2° de Aries. La imagen de la Pitia me parece casi inevitable.

La Luna recibe. Neptuno disuelve las fronteras. Algo atraviesa el límite entre lo conocido y lo desconocido, entre la conciencia individual y ese océano mucho más vasto de imágenes, memorias, fantasías, intuiciones y temores que compartimos. Podemos sentir algo con una intensidad extraordinaria, podemos tener una visión, podemos creer que hemos recibido un mensaje, podemos incluso estar absolutamente convencidos de haber escuchado la voz del dios o de diosas. Pero entonces aparece la pregunta verdaderamente difícil:

¿Cómo interpretamos lo que hemos escuchado? Y aquí entra Mercurio.

Esta Luna Llena ocurre con Ascendente en Aries para Atenas y con una extraordinaria concentración de planetas y puntos en ese signo.

Luna y Neptuno abren la procesión. Después encontramos a Saturno, Pallas, Vesta, Eris y finalmente Kirón, que acaba de regresar a Aries en su movimiento retrógrado que comenzó el 18 de este mes. Vuelve a ceder la mano a Eris, caminando hacia ella, como si se hubiese dejado temas por resolver, hasta el 14 de abril del 2027 cuando volverá a entrar en Tauro. Entre el 14-15-16 de Enero 2027 llegará a 2º de orbe de Eris, formando una vez más un conjunción.

Frente a ellos, Mercurio se encuentra a 24° de Libra. y aquí recuerdo que la Pitia recibe el mensaje.Mercurio que está en Libra, intenta traducirlo, y Libra introduce algo que Aries, por naturaleza, no siempre considera prioritario: la existencia del otro.

Aries dice: esto es lo que veo, esto es lo que siento, esto es lo que quiero, esto es lo que debo hacer. Libra pregunta: ¿y qué ve el otro?

En un mundo en el que cada nación, cada ideología, cada grupo y, a menudo, cada individuo parece estar absolutamente convencido de poseer la verdad, quizás esta Luna Llena nos coloca precisamente ante ese dilema. No basta con recibir el mensaje. Hay que aprender a escucharlo sin convertirlo inmediatamente en aquello que ya queríamos oír.

Mientras toda esta intensidad se desarrolla sobre el eje Aries-Libra, aparece en la carta una configuración completamente diferente. El Sol en Libra forma un gran trígono de aire con Urano en Géminis y Plutón en Acuario. Es una imagen poderosa. Urano puede introducir aquello que nadie había considerado. Géminis abre nuevas vías de comunicación, nuevas palabras, nuevas conexiones. Plutón en Acuario está transformando lentamente las estructuras colectivas, las redes de poder y nuestra relación con el grupo. Y el Sol en Libra busca un punto de encuentro entre posiciones diferentes.

¿Podría esto abrir una puerta para conversaciones que hasta ahora parecían imposibles?

No necesariamente significa que los conflictos que vemos actualmente vayan a resolverse de pronto. Basta escuchar las noticias para comprender la distancia que existe entre esa posibilidad simbólica y la realidad inmediata. Pero quizás algo puede comenzar a moverse. Una conversación, una propuesta inesperada, un cambio de lenguaje. Una negociación que todavía no conduce a un acuerdo, pero que modifica la posición desde la que cada parte estaba hablando. El cielo puede describir una apertura. Lo que hagamos los seres humanos con ella es otra cuestión.

Eris, Kirón y aquellos que quedan fuera

Mercurio en Libra se encuentra además frente a Vesta, Eris y Kirón en Aries. Aquí la conversación se vuelve mucho más incómoda. Porque Eris siempre nos obliga a mirar hacia aquellos que no han sido invitados a la mesa. En el mito, Eris no recibe invitación a la boda de Peleo y Tetis. Su respuesta es arrojar entre los invitados la famosa manzana de oro que terminará desencadenando los acontecimientos que conducen a la guerra de Troya.

El arquetipo de Eris nos lleva una y otra vez hacia la experiencia de exclusión. ¿Quién pertenece? Quién queda fuera? Quién decide quién puede entrar? Y Kirón, retrogradando nuevamente hacia su conjunción con Eris, lleva una herida precisamente hacia ese territorio.

Es difícil contemplar esta configuración sin pensar en una de las grandes cuestiones de nuestro tiempo: la migración. Personas desplazadas por guerras, pobreza, persecución, cambio climático o simplemente por el deseo profundamente humano de construir una vida diferente atraviesan fronteras mientras las sociedades que las reciben intentan decidir quién puede entrar, quién puede quedarse y quién debe marcharse.

Lo vemos en el Mediterráneo, lo vemos en Ceuta, lo vemos en Estados Unidos, lo vemos prácticamente en todo el planeta.

Y quizás el verdadero tema de Kirón y Eris no sea encontrar una sencilla “solución al problema de la inmigración”, porque tal problema único no existe. Quizás la pregunta sea mucho más antigua: Qué hacemos con el extranjero? Y qué revela nuestra respuesta acerca de nosotros mismos?

La situación se vuelve todavía más compleja porque Mercurio en Libra y Kirón en aries forman una cuadratura con Marte a 29° de Cáncer. Cáncer habla de hogar, familia, raíces, territorio, patria, protección y pertenencia. Marte defiende y se encuentra en el grado anerético de Cáncer, donde parece hacerlo con particular urgencia

De modo que Mercurio intenta negociar mientras Marte siente que algo esencial debe ser protegido. Esta es una combinación que puede producir confrontación verbal, decisiones tomadas desde la reacción emocional o conversaciones en las que hablar de fronteras, territorio y pertenencia toca inmediatamente algo mucho más profundo. Porque detrás de muchos debates políticos aparentemente racionales existe una pregunta visceral:

¿Dónde está mi hogar y quién amenaza con quitármelo? Pero también existe la pregunta inversa: Qué ocurre cuando alguien ya no tiene un hogar al que regresar?

Entre esas dos realidades debe intentar hablar Mercurio en Libra. No es una tarea sencilla.

Mientras tanto, Venus avanza por Escorpio alejándose de su cuadratura con Plutón en Acuario. Ha pasado por territorio plutoniano y nadie atraviesa el mundo de Plutón sin descubrir algo que prefería no ver.

Venus habla de nuestros valores, nuestros vínculos, aquello que deseamos y aquello que consideramos valioso. En Escorpio no puede permanecer en la superficie. La cuadratura con Plutón puede haber expuesto las relaciones de poder escondidas detrás de nuestros deseos, nuestras alianzas y nuestros intercambios. Venus ya se está separando del aspecto. Pero eso no significa regresar al lugar donde estaba antes.

Lo que hemos visto no puede dejar de ser visto. El oráculo no decide por nosotros Quizás por eso sigo pensando en Delfos.

Uno de los relatos más famosos relacionados con el oráculo es el de Creso, rey de Lidia. Antes de atacar al Imperio persa, consultó a Delfos. La respuesta le dijo que si cruzaba el río y emprendía la guerra destruiría un gran imperio. Creso escuchó exactamente lo que quería escuchar. Atacó.Y efectivamente destruyó un gran imperio. El suyo.

No sabemos hasta qué punto todas las versiones posteriores de los antiguos oráculos conservan literalmente las palabras pronunciadas en Delfos. Pero quizás eso sea secundario. Los griegos conservaron esta historia porque comprendían algo extraordinariamente sofisticado: recibir un mensaje no significa comprenderlo.

La interpretación siempre pasa a través de nosotros. A través de nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras heridas, nuestras expectativas. Nuestra necesidad de tener razón.

Y quizás allí reside el verdadero misterio de esta Luna Llena.

Con la Luna junto a Neptuno en Aries podemos recibir imágenes poderosas, intuiciones, emociones y convicciones que parecen proceder de un lugar mucho más profundo que nuestra mente racional.Con tantos planetas en Aries, podemos sentir una enorme necesidad de actuar. Pero enfrente está Libra. Y Libra nos recuerda que ninguna verdad humana existe completamente aislada de la relación con el otro.

El gran trígono entre Libra, Géminis y Acuario quizás abra canales que antes estaban cerrados. Mercurio intenta encontrar las palabras. Eris pregunta quién no está siendo escuchado, Kirón señala la herida. Marte protege el hogar. Y Neptuno susurra desde algún lugar que no podemos ver.

Quizás esta Luna Llena no venga a ofrecernos respuestas, quizás venga a recordarnos algo que los antiguos griegos parecían comprender muy bien.

El oráculo puede hablar. La carta natal puede hablar. Pero somos nosotros quienes tenemos que decidir qué significa lo que hemos escuchado.

Feliz Luna Llena en Aries a todos!

Y como siempre: para lecturas privadas conmigo y particularmente la influencia de este tránsito de Jupiter en Leo o de Kirón en Tauro, o Eris en Aries en tu vida, ve a: https://www.astrologiaarquetipica.com/lecturas-privadas/

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Carta a nuestras queridas oyentes de Astrología, Música y Tomate

Hay momentos en la vida en los que, aunque quisiéramos seguir adelante como siempre, algo nos pide —o nos obliga— a detenernos.

Por circunstancias que escapan a mi control, Astrología, Música y Tomate va a tomarse una pausa. No sé todavía cuánto durará este silencio. Sólo sé que, por el momento, es necesario. El silencio a menudo lo es.

No os voy a negar que me duele profundamente. Este podcast ha sido mucho más que un programa para mí. Ha sido conversación, descubrimiento, risas, música, preguntas, desacuerdos, tomates… y, sobre todo, un espacio de encuentro con todos vosotros. Por eso esta pausa me produce una enorme tristeza pero también una gran anticipación por lo que emergerá de ella.

Pero quienes me conocéis sabéis también que mi jardín mágico sigue ahí. Intacto.

La Astrología continúa siendo esa aventura interminable que me acompaña desde hace más de cincuenta años. Sigo investigando, preguntándome, maravillándome y, como siempre, encontrando más preguntas cada vez que creo haber encontrado una respuesta. El cielo no se detiene. Y, afortunadamente, mi curiosidad tampoco. La vida tampoco.

Durante estos últimos meses de 2026 voy a concentrar mi energía en el blog, mi consulta y mis queridos y queridas clientas, en seguir escribiendo y compartiendo mis investigaciones, y también en algunos talleres y cursos que están empezando a tomar forma y de los que pronto os hablaré.

Quizás haya momentos en los que el silencio no sea realmente una ausencia. En la naturaleza, la semilla pasa un tiempo bajo tierra. Desde fuera parece que no ocurre nada. No vemos movimiento, no vemos hojas, no vemos flores. Y, sin embargo, en esa oscuridad silenciosa algo ya está trabajando, reorganizándose, preparándose para emerger de otra manera.

Quiero pensar que éste es uno de esos momentos. No sé todavía qué nacerá de esta pausa, ni qué forma tendrá cuando volvamos a encontrarnos. Y quizás no necesito saberlo todavía. Hay procesos que necesitan permanecer un tiempo en la oscuridad antes de poder mostrarnos aquello en lo que se están convirtiendo.

Por eso os pido un poco de paciencia. Y también permitidme compartir con vosotros mi tristeza por esta interrupción inesperada. A veces quienes estamos delante de un micrófono parecemos estar siempre preparados para hablar, explicar o encontrar significado. Pero hay momentos en los que también nosotros simplemente tenemos que vivir lo que está ocurriendo.

Y quiero daros las gracias. A todos y todas las que nos habéis escuchado durante este tiempo; a quienes habéis esperado cada episodio, enviado mensajes, compartido nuestras conversaciones, reído con nosotros, cuestionado con nosotros y acompañado esta aventura de Astrología, Música y Tomate. Habéis formado parte de ella mucho más de lo que quizá imagináis.

Esto no es una despedida. Es una pausa.

Mientras tanto, nos seguiremos encontrando en mi jardín, en mi consulta, en mis escritos, en los talleres, mirando el cielo y haciéndonos preguntas. Y confío en que llegará el momento en que podamos volver también a encontrarnos alrededor de ese micrófono.

Porque algunas veces el silencio no significa que una historia haya terminado. Significa que algo nuevo, todavía invisible, ya ha comenzado a germinar.

Por el momento estoy en un viaje a Grecia para visitar Eleusis el lugar donde Persefone entra y sale del submundo, y tengo el taller con Anthena Arcturus, fundadora de la Fundación Anthena Arcturus, con sede en Bariloche, Argentina y en Milán, Italia, el 26 de Septiembre y juntas investigaremos el verdadero significado de esta fascinante historia de Persefone y Ceres. Para apuntarse a este taller visitar mi Instagram: #Astrologyandance o ir a: infoAA@anthenaarcturus.org

Con todo mi cariño,

Cristina

LUNA NUEVA en VIRGO – Septiembre 11, 2026 – Revelando lo que yace detrás del hábito.

Cada Luna Nueva marca el comienzo de un nuevo ciclo. Es un momento en el que el Sol y la Luna se unen, invitándonos a plantar semillas que irán desplegándose poco a poco a lo largo de las semanas y los meses siguientes. Sin embargo, no todas las Lunas Nuevas plantean las mismas preguntas, como ya lo sabemos. Algunas hablan de comienzos, otras de coraje, otras de expansión. Esta, que tiene lugar en Virgo, parece plantear algo mucho más silencioso, y quizá mucho más exigente.

¿Qué es auténtico y qué se ha convertido simplemente en un hábito?

A Virgo se le ha descrito a menudo como el signo del discernimiento, el análisis y el orden. Y la crítica. Pero bajo esas palabras clave tan conocidas se esconde algo mucho más profundo. Virgo representa nuestra capacidad de distinguir entre lo que verdaderamente nutre la vida y lo que simplemente continúa porque siempre ha estado ahí. Nos pide examinar no solo lo que pensamos, sino también aquello que hemos dejado de cuestionar. Virgo, siendo el signo después de Leo, nos recuerda que una vez que hemos descubierto nuestra creatividad y singularidad, debemos ver qué hacer con ello.

Esta Luna Nueva cobra especial relevancia porque tanto el Sol como la Luna se encuentran en oposición exacta a Nessus, el centauro que se pasea por Piscis, en estos momentos.

Nessus es uno de esos centauros cuyo simbolismo no puede reducirse a un único significado. Ciertamente habla de abuso, traición y uso indebido del poder. Pero psicológicamente representa también esos patrones heredados (como todo centauro) que siguen operando precisamente porque han permanecido inconscientes. Se convierten en parte de la atmósfera emocional de las familias, las instituciones y las sociedades hasta que empiezan a parecer normales. Dejamos de verlos. Virgo nos invita a recuperar esa capacidad de ver. La oposición a Nessus nos plantea una pregunta difícil:

¿Qué he aceptado durante tanto tiempo que ya ni siquiera reconozco como un patrón?

A nivel colectivo, este simbolismo bien puede coincidir con revelaciones. Escándalos políticos, irregularidades financieras o abusos de poder son, sin duda, manifestaciones posibles. En su tránsito por Piscis, signo que recorre desde el 2015, nos ha revelado mucho de todo ello. Pero quedarnos en ese nivel sería perder la invitación más profunda de esta lunación. La verdadera pregunta no es simplemente qué sale a la luz en los gobiernos o las instituciones. Es qué se vuelve visible dentro de nosotros mismos.

El regente de esta Luna Nueva, Mercurio, se encuentra en Libra, en oposición directa a Neptuno en Aries.

Mercurio busca la comprensión a través del diálogo. Libra busca el equilibrio, la perspectiva y la posibilidad de un encuentro genuino. Neptuno, sin embargo, disuelve la certeza. Difumina los límites entre la realidad y la imaginación, entre lo que es verdad y lo que deseamos desesperadamente creer. A primera vista, esta oposición podría sugerir confusión, desinformación o engaño. Y ciertamente podremos ser testigos de situaciones en las que la verdad se vuelva difícil de distinguir de la ilusión. Pero Neptuno también ofrece otra posibilidad.

A veces el mayor regalo que trae Neptuno es la desilusión. No porque sea agradable, sino porque finalmente nos permite ver la realidad tal como es, y no como la habíamos imaginado. Hay momentos en los que perder una ilusión es el primer paso hacia una claridad genuina, a un cambio de rumbo.

Sin embargo, quizá la configuración psicológicamente más elocuente de esta Luna Nueva sea la oposición exacta entre Venus en Libra y Quirón en Tauro, ambos sostenidos en tensión por Plutón, que ocupa el vértice de esta configuración en T. La T-cuadrada.

Plutón, Señor del Inframundo, del Gran Abajo, le hace a cada planeta la misma pregunta: ¿qué se esconde debajo? Qué escondemos hasta de nosotros mismos con tanto fervor?

Nada permanece superficial en presencia de Plutón. Venus, por tanto, no puede limitarse a cuestiones de afecto, armonía o estética. Esta combinación habla del descenso de Innana, la Venus Sumeria; del rapto de Persefone que se ve invitada (raptada)a descender al inframundo de sus propios valores. Ya no se trata simplemente de a quién amamos. Se convierte en una pregunta sobre qué da vida a nuestra capacidad de amar, que parte de nosotras queremos ver que no veíamos antes, cuando formamos una relación; tampoco se trata simplemente del talento artístico. Se convierte en una pregunta sobre qué nutre realmente nuestra creatividad.

Esto resulta especialmente significativo para artistas, escritores, músicos y para cualquiera cuya vida esté guiada por el principio venusino. A menudo nos preguntamos si somos suficientemente creativos. Quizá esta lunación plantee una pregunta más profunda: ¿qué alimenta mi creatividad? ¿Qué permite que florezca? ¿Qué la silencia? ¿Cuánto de lo que creo es genuinamente mío, y cuánto se ha convertido en un intento de satisfacer expectativas que ya no me pertenecen?

Las relaciones también se convierten en un lugar de revelación. Durante muchos años la psicología ha hablado de la proyección, un concepto que casi se ha convertido en un cliché de tanto usarlo. Y sin embargo sigue siendo una de las claves más importantes para comprender las relaciones humanas. Quizá no amamos a otra persona solo por quién es, quizá también la amamos por quiénes nos convertimos en su presencia.

Cada relación significativa constela un aspecto particular de nosotros mismos que no puede surgir de la misma manera con nadie más. Algunas relaciones despiertan el coraje, otras despiertan la ternura. Algunas revelan nuestros miedos más profundos, y otras convocan una creatividad que nunca sospechamos que poseíamos. Cada relación importante da a luz a un yo que no puede existir en ningún otro lugar.

Es para esta Luna Nueva somos invitadas/os a mirar con honestidad ese campo creativo que existe entre dos personas. No solo a la relación en sí, sino a lo que la relación crea. Nos pide examinar la mecánica sutil a través de la cual otro ser humano se convierte en el espejo, el catalizador o incluso la partera de aspectos de nosotros mismos que habían permanecido ocultos.

Nessus añade otra capa a este proceso: la proyección no siempre es personal; a veces lo que proyectamos pertenece a historias que comenzaron mucho antes de que naciéramos. Como bien sabemos, los Centauros hablan de lealtades familiares, miedos heredados, traiciones antiguas. Contratos emocionales invisibles que se transmiten silenciosamente de una generación a otra, sin que tengamos consciencia alguna de ello. Pero también sabemos que lo que la mente olvida, el cuerpo lo recuerda. El contacto con Kirón nos sugiere que allí donde nos duele es donde se encuentra el secreto y la respuesta.

Esta lunación puede traer a la conciencia algunas de esas narrativas ancestrales, permitiéndonos preguntarnos si todavía merecen seguir dando forma a la manera en que amamos, creamos y nos relacionamos.

Afortunadamente, la carta también ofrece una configuración notablemente esperanzadora.

Un Gran Trígono de Aire une a Mercurio, Urano-Sedna y Plutón.

Si Plutón nos invita a descender bajo las apariencias, este Gran Trígono sugiere que la comprensión misma puede volverse transformadora, ya que, como sabemos, Mercurio aporta el lenguaje, Urano introduce perspectivas completamente nuevas, una mirada mucho más despegada de las emociones, para que podamos ver con más claridad. Sedna, que camina junto a Urano en Géminis, expande nuestra visión hacia realidades que hasta ahora habían quedado fuera de la conciencia colectiva, y Plutón aporta profundidad y el coraje para afrontar verdades incómodas.

A nivel colectivo, esto podría coincidir con conversaciones importantes, iniciativas diplomáticas inesperadas o enfoques innovadores ante conflictos que habían parecido imposibles de resolver. Es inevitable pensar en situaciones como Ceuta u otras crisis humanitarias en las que posturas muy arraigadas quizá comiencen a suavizarse a través del diálogo en lugar de la confrontación. Podríamos tener más noticias sobre el caso de los misógenos hermanos Tate.

Psicológicamente, sin embargo, el simbolismo es aún más rico. A veces una sola conversación cambia el rumbo de toda una vida. Otras veces una idea nueva reorganiza años de experiencia. A veces una sola comprensión disuelve un conflicto que creíamos que nos acompañaría para siempre. Esa es, tal como yo lo veo, la promesa silenciosa de este Gran Trígono.

Al contemplar la carta en su conjunto, me encuentro pensando que esta Luna Nueva no trata principalmente de exponer la corrupción. Trata de exponer lo que ha permanecido oculto bajo las apariencias, bajo los hábitos. Bajo aquello que hemos normalizado pero que no tiene nada de normal.

Ya se trate de sistemas políticos, instituciones, relaciones o nuestra propia vida creativa, el movimiento es el mismo. Virgo nos pide discernir. Plutón nos pide descender. Nessus nos pide reconocer lo que ha permanecido inconsciente. Venus y Kirón nos preguntan si nuestra capacidad de amar y crear todavía descansa sobre viejas heridas, o si ha madurado hacia algo más auténtico. Mercurio, respaldado por Urano, Sedna y Plutón, nos recuerda que una nueva comprensión puede alterar el curso de toda una vida.

Quizá esa sea la verdadera invitación de esta lunación: distinguir entre las identidades que hemos heredado y la creatividad que genuinamente nos pertenece.

Porque existe una diferencia profunda entre repetir un patrón antiguo y expresar una vocación. Y quizá esa diferencia sea precisamente lo que Virgo viene a iluminar.

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Eris: La Diosa que se Niega a Callar

La Invitada No Deseada

En la genealogía de Hesíodo, Eris es hija de Nix, la Noche misma, nacida sin padre, por tanto la discordia, en este relato, no necesita un principio masculino para existir; es simplemente una de las condiciones primordiales de las cosas. Homero la sitúa de otro modo, como hermana y compañera de Ares, caminando junto a él por el campo de batalla, pequeña al principio y creciendo después hasta que su cabeza toca el cielo. Ambas genealogías coinciden en lo esencial: Eris no es una intrusa en un cosmos por lo demás armonioso. Está ahí desde el principio, una de las condiciones sobre las que se construye el mundo, no como un accidente que le sobreviene.

Su mito emblemático es la boda de Peleo y Tetis, la unión que engendraría a Aquiles. Todos los dioses y diosas fueron invitados menos ella (excluida deliberadamente), porque se sabía que su presencia perturbaba cualquier sala que pisara, particularmente por hacer demasiadas preguntas. Acudió de todos modos, y en lugar de forzar su entrada, hizo algo más silencioso y mucho más eficaz: hizo rodar una manzana de oro hasta el banquete, inscrita con la palabra kallisti, «para la más bella», y se marchó. Hera, Atenea y Afrodita asumieron cada una que estaba destinada a ella. Zeus, sin ninguna intención de arbitrar entre tres diosas, delegó la decisión en un mortal, el pastor Paris de Troya, hijo de Priam, rey de Troya y hermano de Hector y Casandra. Cada diosa le ofreció un soborno, para obtener la manzana: dominio y Poder, de parte de Hera/Juno; Sabiduría y maestría en la guerra, de parte de Pallas Atenea; la mujer más hermosa del mundo, de parte de Afrodita. Paris eligió a Afrodita, y esa mujer era Helena, ya casada con Menelao de Esparta, hermano de Agamenón y ambos invitados y presentes en la boda. El rapto que siguió encendió la Guerra de Troya, en realidad le dió a Agamenón la excusa que necesitaba.

Vale la pena detenerse en la mecánica de ese mito, porque es fácil aplanarlo en «la diosa que provocó una guerra». Eris no combate en Troya. Ni siquiera elige el desenlace. Introduce un objeto y una frase ambigua en una sala ya llena de vanidad, jerarquía y rivalidad no reconocida, y deja que los humanos y los demás dioses hagan el resto. Lo que expone ya estaba ahí, el hecho de que tres diosas pudieran creerse en privado la más bella, el hecho de que un pastor pudiera ser comprado, el hecho de que un matrimonio pudiera romperse por un deseo disfrazado de destino. Ella no es la causa de la guerra en ningún sentido directo. Es el mecanismo por el cual lo que estaba latente y no dicho se vuelve imposible de seguir ignorando.

Miremos que significa realmente, que estas tres diosas se postularan para la manzana.

Atenea no aspira a la sabiduría. Ella es la Sabiduría. Hera no aspira a la soberanía. Ella es la Soberanía. Afrodita no aspira a la belleza ni al Eros. Ella es la Belleza y el Eros. Ésta es precisamente la razón por la que el mito resulta tan fascinante desde una perspectiva psicológica, o por lo menos para mi. Las tres diosas no compiten por convertirse en aquello que todavía no son. Ya encarnan plenamente sus respectivos principios. La verdadera cuestión es mucho más sutil: lo que está en juego es cuál de esos principios ocupará el lugar central dentro de la psique femenina. Y ésa es una pregunta psicológica completamente distinta.

La tradición moderna ha reducido con demasiada frecuencia a Hera/Juno a la imagen de la esposa celosa,vengativa y eso constituye una enorme injusticia hacia el mito. Hera es la Reina del Olimpo, la contraparte femenina legítima de Zeus. Dentro de una sociedad patriarcal representa la máxima expresión institucional del poder femenino. No es simplemente una esposa. Es la Esposa, aquella cuya autoridad procede de la legitimidad, la continuidad, la dinastía, la ley y el orden social. LA primera dama, como llaman los americanos a la mujer del presidente. En cierto modo, Hera encarna la propia civilización.

Pallas Atenea representa algo completamente distinto. Su identidad no depende del matrimonio, ni de la maternidad, ni de la sexualidad. Ella personifica la inteligencia autónoma, la estrategia, la política, las artes y los oficios, la capacidad de construir civilización a través de la razón. Quizá sea la primera gran imagen de una mujer cuya autoridad nace de su propia inteligencia y no de su vínculo con un hombre. Hasta se convierte en madre sin haber sido poseída, igual que la virgen María. Excepto que Pallas «decide» criar a ese niño que no ha emanado de ella.

Afrodita, por su parte, pertenece a un orden completamente diferente. No es simplemente la Belleza. Es la fuerza irresistible de la atracción. Es el Eros, el deseo, la creatividad y el poder que impulsa a los seres separados a entrar en relación. Sin Afrodita nada busca unirse, nada anhela, nada crea. Ella es el principio mismo de la atracción que hace posible el encuentro.

Vista desde esta perspectiva, Eris adquiere una profundidad inesperada. Ella no pregunta cuál de las diosas es superior. La verdadera pregunta que introduce es mucho más inquietante: ¿qué principio merece ocupar el primer lugar? Y esa pregunta resulta psicológicamente devastadora porque ninguno de esos principios puede sustituir a los otros. Desde esta perspectiva, comprendemos porque un hombre humano, elige a Afrodita.

Quizá la manzana no esté dirigida únicamente a tres diosas. Tal vez esté dirigida a toda una cultura. Toda civilización acaba respondiendo, de un modo u otro, a la misma cuestión: ¿qué valor colocamos en el centro? ¿La institución y el orden representados por Hera? ¿La inteligencia y la razón simbolizadas por Atenea? ¿O el deseo, la belleza y la fuerza creadora de Afrodita?

Y entonces, elección de Paris, no es simplemente la decisión de un hombre. Es la elección de toda una cultura.

Empiezo a comprender por qué Eris me resulta tan fascinante. Ella no destruye el Olimpo. Lo obliga a revelar su jerarquía de valores. Lo humaniza.

Mientras escribía sobre Pallas, Vesta y Eris durante estos últimos meses, comenzó a surgir otra intuición. Quizá la función de Eris nunca haya sido crear el conflicto femenino, sino poner de manifiesto la tensión entre las distintas expresiones de lo femenino. No porque una sea superior a las otras, sino porque las culturas tienden, una y otra vez, a privilegiar una forma de lo femenino mientras relegan las demás. En las sociedades patriarcales Pallas Athena y Vesta, han sido ignoradas, escondidas, desprestigiadas como Eris.

La figura de Hera lleva esta idea aún más lejos. En las sociedades patriarcales, ser la Esposa no era simplemente una condición personal. Era la vía socialmente legitimada para acceder al poder femenino. Hera protege toda una estructura colectiva. Atenea la desafía afirmando que la inteligencia también puede ser fuente de autoridad. Afrodita la desafía desde otro lugar aún más radical, recordándonos que el deseo, el Eros y la capacidad de atraer también constituyen una forma de poder. En realidad, EL Poder. Ninguna de las dos deriva su autoridad del matrimonio. Y eso, dentro del mundo patriarcal, resulta profundamente revolucionario.

Entonces: la Manzana no pregunta realmente «¿quién es la más bella?». Psicológicamente, la pregunta es otra: ¿qué expresión de lo femenino definirá su valor?

Y ésa sigue siendo una cuestión plenamente vigente. ¿Puede una mujer fundamentar su autoridad en el matrimonio? Sin duda. ¿En su inteligencia? También. ¿En su presencia erótica, en su creatividad o en su capacidad de despertar el deseo? Igualmente. La tragedia comienza cuando una sociedad decide que sólo una de esas formas de autoridad merece ser considerada legítima. Y Paris como buen hombre joven no iniciado elige a Afrodita. Pero pregunto: Quien resistiría a la mujer más bella del mundo?

Ésta es, creo, la verdadera profundidad del mito. Las diosas no son personalidades rivales. Son principios arquetípicos igualmente completos. Eris simplemente las sitúa dentro de un contexto cultural donde esa plenitud se ve obligada a competir consigo misma.

Quizá la verdadera tragedia nunca haya sido la disputa entre las diosas. Quizá la tragedia comenzó en el mismo instante en que la manzana dio por supuesto que sólo podía existir una única respuesta, y esa por supuesto es, en el fondo, una pregunta profundamente patriarcal.

Lo femenino, tal como lo representan Hera, Atenea y Afrodita, no es una realidad única ni homogénea. Es plural. Es soberanía, sabiduría y Eros. El mito se vuelve trágico en el preciso momento en que esa pluralidad es reducida a un concurso. Pero hay otra dimensión de este mito. Paris entre la Sabiduría, el Poder y la Belleza, elige lo último. La Belleza por encima de la Sabiduría y el Poder. Por supuesto que la Belleza que es absolutamente irresistible (y sino mira un rojizo atardecer y dime que puedes ignorarle y no detenerte a disfrutarlo) esconde la Unión. Y quien quiere estar solo/a en esta vida? Como existiríamos sin relacionarnos con otro, otra u otra cosa, como la Naturaleza?

Eris no enfrenta a tres diosas; enfrenta a una cultura con la imposibilidad de aceptar que lo femenino puede ser múltiple sin dejar de ser uno.

El propio Hesíodo se negó a dejarla como una figura única. En Los Trabajos y los Días distingue dos Eris: una que engendra la guerra cruel y la disputa destructiva, y otra más antigua y mejor que Zeus colocó en las raíces de la tierra, la Eris que empuja incluso al hombre ocioso a trabajar cuando ve prosperar a su vecino, que impulsa al alfarero contra el alfarero y al artesano contra el artesano en una rivalidad que mejora a ambos. La discordia, en otras palabras, nunca fue solo patología para la mente griega. Era también la fricción que impide que las cosas se estanquen. Ambos rostros suyos importan para lo que sigue. Y por supuesto, en el presente, ERIS se ve representada por el INMIGRANTE.

Un Descubrimiento Umbral

Eris fue identificada el 5 de enero de 2005, en imágenes captadas en octubre de 2003, en el Cinturón de Kuiper, ese anillo de cuerpos helados que orbitan mucho más allá de Neptuno «del que casi no sabemos nada»; el registro observacional ubica la identificación en enero de 2005 y el anuncio público ese mismo Julio, así que esta es la fecha que sigue este relato. Resultó ser más masiva que Plutón, y ese solo hecho no pudo ser absorbido en silencio por la comunidad astronómica. Obligó a la Unión Astronómica Internacional a una crisis de definición: ¿qué es, exactamente, un planeta? El debate que siguió fue público, quedó sin resolver durante meses, y terminó en 2006 con la degradación de Plutón a «planeta enano», Eris auguraba el final del poder masculino o dicho mejor del poder del patriarcado. Una decisión que algunos astrónomos siguen disputando dos décadas después. El cuerpo celeste que lleva el nombre de la diosa de la discordia no pudo siquiera entrar en el registro oficial del sistema solar sin provocar exactamente el tipo de disputa por el que ella es célebre. Que se lea esto como coincidencia o como el tipo de acontecimiento-umbral en el nombrar un cuerpo celeste, realmente es muy difícil encontrar un ejemplo más limpio.

Su órbita tarda poco más de quinientos años en completarse, que es lo primero que hay que tener presente sobre ella: se mueve al ritmo de los cambios civilizacionales, no de los personales. Ha ocupado Aries desde 1927 y permanecerá ahí durante aproximadamente un siglo — su ubicación por casa y sus aspectos con los planetas personales son lo que la trae a la escala de una vida individual, pero sus tránsitos por signo describen épocas, no personas. El arquetipo que porta en esa órbita más lenta y larga es notablemente consistente en todo el material reunido aquí: exclusión, no reconocimiento, la posición de «no invitada» — la invitada dejada fuera de la lista, el hada dejada fuera del bautizo de la Bella Durmiente en la variante folclórica del mismo relato. Dondequiera que Eris sea prominente, la pregunta psicológica es alguna versión de a quién no se convocó, y qué ocurre cuando se presenta de todos modos. Esto me recuerda a los acontecimientos del 30 de Julio 2026 en Ceuta, España.

Eris Conjunción Urano: El Despertar (2015–2018)

La conjunción se hizo exacta el 28 de septiembre de 2016, dentro de una ventana activa más amplia que corrió desde finales de 2015 hasta mayo de 2018, cuando Urano dejó finalmente Aries por Tauro. Ambos cuerpos habían entrado juntos en Aries en 1927, lo que significa que esta combinación, en este signo, no volverá a repetirse en unos quinientos años, una alineación rara y específica, no un tránsito rutinario.

Leídos juntos, la discordia y el despertador producen un cuadro psicológico bastante preciso: material reprimido, viejos agravios, resentimientos ancestrales, el peso acumulado de sentirse estructuralmente excluido, rompe su contención de golpe y sin pedir permiso, a la manera en que Urano siempre lo hace. Los años en que la conjunción estuvo activa aportan una serie inusualmente densa de ejemplos que la confirman: la ola de atentados de ISIS contra ciudades occidentales, el movimiento independentista catalán, el Brexit, el ascenso de Trump, crisis cada vez más profundas en Argentina y Venezuela, disturbios en Myanmar, tensión en la península coreana, y el endurecimiento de la postura de Hungría frente a la inmigración. El hilo común en todos ellos no es ninguna ideología particular sino el mecanismo: poblaciones que se sentían invisibles o excluidas, expresando esa exclusión de forma súbita y disruptiva en lugar de a través de los canales lentos que prefieren las instituciones.

Hay un peligro específico nombrado en este material que vale la pena conservar en lugar de suavizar: el duelo ancestral y el resentimiento legítimo que Eris saca a la superficie es fácilmente expresado por actores políticos y redirigido hacia un lado hacia un grupo étnico vecino, una nación rival, un conciudadano, en lugar de hacia arriba, hacia las estructuras financieras y corporativas que en realidad concentran el poder.

Eris Cuadratura Plutón: Un Ajuste de Cuentas Único en la Vida

Esta cuadratura es todavía más rara en un sentido estructural, ocurre una sola vez, y solo una, en una vida humana ordinaria. Su última aparición fue en 1908, con Eris en Piscis en cuadratura a Plutón en Géminis; la instancia actual, con Eris en Aries, se ha ido gestando desde mediados de la década de 2010 y se intensificó cuando Urano dejó Aries en mayo de 2018, dejando a Eris enfrentar a Plutón más o menos sola.

Plutón añade compresión, profundidad, y la negativa del inframundo a dejarse apresurar en todo lo que Eris toca. Donde la conjunción con Urano producía rupturas súbitas, la cuadratura produce algo más parecido a una excavación, una presión más lenta y más dura que hace aflorar «la ira que emana de esa parte de nuestra psiquis, cuando sentimos que nos quedamos ‘afuera'». La misma lista geopolítica se repite, Brexit, Trump, Cataluña, la crisis rohingya en Myanmar, Venezuela y Argentina, Corea del Norte, ISIS, pero esta configuración es también donde encajan #MeToo y #TimesUp: la voz de Eris, bajo presión plutoniana, diciendo se acabó, es hora de nombrar lo que ocurrió. El aislamiento del COVID-19 se inscribe en este mismo período como una expresión adicional y más universal del aspecto, una confrontación forzada, en soledad, con todo lo que se había evitado.

El diagnóstico que ofrece este material es el mismo de la conjunción con Urano, afilado por la insistencia de Plutón en ir a la raíz: las sociedades bajo esta cuadratura redirigen sistemáticamente la ira colectiva que produce hacia los lados, hacia las fracturas ya existentes entre sí, en lugar de hacia arriba, hacia los bancos, las corporaciones y las estructuras de poder que serían el blanco certero. Eris no aporta el discernimiento para distinguir la diferencia. Solo aporta la presión.

Eris Conjunción Kirón: La Herida que Habla (2025–2026)

Esta es la conjunción todavía en curso al momento de escribir esto, y es la más rica en material documentado de las tres. Se perfecciona tres veces: el 27 de mayo de 2025, a 25° de Aries, bajo una Luna Nueva en Géminis; el 9 de octubre de 2025; y de nuevo en marzo de 2026 — el mismo ritmo lento, de tres pasadas, que suelen producir las conjunciones de un planeta exterior con un cuerpo más lento a medida que estaciona y retrograda. La rima histórica es específica y merece decirse con claridad: esta combinación ocurrió por última vez en Aries en 1971–72; antes, en Piscis durante 1917–18, coincidiendo con la pandemia de gripe española; en Piscis de nuevo en 1863–64, junto a la Guerra Civil estadounidense, la abolición y los movimientos de independencia en Europa del Este; en Acuario en 1808, en medio de guerras europeas y luchas de independencia latinoamericanas; y en Sagitario en 1753, durante la resistencia nativa a la colonización europea. El patrón a lo largo de cinco apariciones que abarcan casi tres siglos es consistente, cada una marca un período en que la reivindicación de plena humanidad de una población suprimida se abre paso a la fuerza en el registro histórico.

Kirón es el sanador herido: aquel que carga una herida que no puede curarse, solo llevarse con conciencia, y que enseña desde esa posición en lugar de desde una posición de haberla superado. Emparejado con Eris, los dos arquetipos plantean una única pregunta ineludible, formulada directamente en este material: ¿a quién consideramos parte de nuestro mundo, y a quién seguimos dejando fuera? La herida, en esta lectura, no es la exclusión en sí misma sino «la ilusión de separación», la creencia de que los excluidos y los incluidos son clases distintas de personas en lugar de la misma población dividida artificialmente.

El material de casos reunido bajo esta conjunción es el más sostenido de los tres aspectos, y Gaza ocupa su centro: leída no como una afirmación sobre los hechos desencadenantes inmediatos sino como ejemplo de una herida histórica, visibilidad negada, décadas de agravio no reconocido, que llega a un punto en que el silencio internacional mismo se vuelve insostenible. La conjunción Urano-Sedna en Géminis que corre en paralelo (exacta en mayo de 2026) se lee como el mecanismo que fuerza esa visibilidad: Sedna, lo femenino ancestral, ahogada y desmembrada, hecha innegable precisamente a través del canal geminiano, las redes sociales, el testimonio directo, (como en el caso Epstein, por ejemplo), que Urano necesita para romper viejos patrones de silencio forzado. Junto a Gaza, el mismo material nombra a los rohingyás en Myanmar, a las comunidades marroquíes en España y a las comunidades latinas en Estados Unidos como instancias paralelas de la misma posición arquetípica, y dirige una mirada crítica hacia universidades de élite Harvard, MIT, Columbia, por lo que describe como una capitulación ante la presión política al restringir qué perspectivas sobre justicia y descolonización se permite expresar a los estudiantes, un movimiento leído como la lección de Eris y Kirón rechazada en lugar de aprendida. La represión de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en Estados Unidos, es otra innegable sincrónica expresión de estas conjunciones.

Y como siempre: para lecturas privadas conmigo y particularmente la influencia de este tránsito de Jupiter en Leo o de Kirón en Tauro, o Eris en Aries en tu vida, ve a: https://www.astrologiaarquetipica.com/lecturas-privadas/

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Desde Eleusis: con Anthena Arcturus y Cristina Laird

🌕✨ ENCUENTRO ONLINE DESDE EL OLIMPO CON ANTHENA ARCTURUS Y CRISTINA LAIRD✨🌕

Con la llegada del Equinoccio septiembre 2026 y la consiguiente Luna Llena en Aries, en directo desde Grecia, compartiremos un espacio de encuentro para mirar juntos, desde otra perspectiva, los intensos momentos que estamos atravesando como humanidad.

Nos adentraremos en el universo de Demeter/Ceres, recorriendo su historia y su profundo vínculo con Eleusis, para llegar también a una de sus dimensiones más antiguas y poderosas: Demeter/Ceres como Pachamama, Madre Tierra y Fuente de Vida. Analizaremos los Mysterios de Eleusis, que fueron los ritos de iniciación más sagrados de la antigua Grecia, celebrados anualmente durante más de 1500 años (desde aprox. 1600 a.C. hasta el 392 d.C.). Basados en el mito de Deméter y Perséfone, estos cultos secretos prometían a los iniciados (llamados mystai) la superación del miedo a la muerte y una vida dichosa en el más allá.🌿🌎

Un encuentro para conectar con los Ciclos de la Naturaleza y con aquello que, en medio de tanta intensidad, nos invita a nutrir, sostener, transformar volviendo a confiar en los procesos de la vida. 🏛️ Un encuentro desde el Olimpo, estés donde estés. Sumate online y compartamos este viaje entre mitos, símbolos, astrología y los movimientos profundos de nuestro presente.

🌕 Luna Llena en Aries

🗓️ 26 de septiembre 2026

🕐 13 hs Argentina | 18 hs España | 19 hs Grecia

💻 Modalidad: Online

✨ Inscripciones: infoAA@anthenaarcturus.org o +54 9 2944299877

¿Te sumás a este viaje hacia Eleusis, Grecia? 🌾